Por: Oscar Súmar
El Gobierno, a través del Ministerio de Agricultura, ha anunciado la creación de un subsidio para la contratación de seguros agrarios, contra catástrofes naturales. El fondo cuenta con 40 millones de soles y cubriría los S/. 75 por hectárea que cuesta el seguro.
Esta política, si bien está destinada hacia los productores más pobres, presenta un problema de principio:
Los desastres naturales no son realmente “naturales”: son el resultado de unas determinadas acciones de los hombres. Así, por ejemplo, el desborde de un río solo es una catástrofe en la medida en que unas personas han decidido vivir en sus laderas. Por esto, cuando el Estado asume los costos de estos desastres, en realidad está incentivando las conductas que los producen.
En el caso de los cultivos agrícolas, el subsidio del Estado desincentivaría que los agricultores inventen maneras o copien experiencias que resultarían en la creación de cultivos más resistentes a los desastres naturales o en la búsqueda de ubicaciones más propicias para los cultivos. La capacidad para desarrollar este tipo de cultivo ya existe.
Ahora, podría ser dicho que -dado que esta política va dirigida hacia los más pobres- sería utópico pensar que ellos podrían desarrollar estas nuevas tecnologías. Este argumento podría tener cierta validez (aunque requeriría ser empíricamente comprobado); sin embargo, aun si lo tomamos como válido, no necesariamente se tiene que pasar a no hacer nada: existen alternativas.
Una de ellas sería que el Ministerio, en lugar de subsidiar las pérdidas, promueva la utilización de cultivos resistentes a las inundaciones, el friaje, las altas temparaturas o las sequías. Así, fuera de que el Estado gaste recursos de manera fija que, además, volverían peremnes situaciones de vulnerabilidad hacia el clima, podría destinar esos recursos a promover mayor competitividad y productos de más alta calidad.









