Por: Carlos Rojas Klauer, alumno del curso Derecho y Desastres
Luego del 15 de Agosto de 2008, pareciera que en la ciudad de Pisco se hubiera perdido todo menos la esperanza. La reconstrucción parece ser muy larga: reubicar y hacer menos vulnerable a la población implica una tarea diaria de motivación y comunicación con ésta. Han pasado más de 14 meses del desastre y parece que este aún no se ha terminado, la situación se estanca no por una falta de recursos necesariamente, sino por falta de criterio, de planificación, de muchas cosas, dado que no se pierden las ganas de levantarse pero sí el tiempo que necesitarán los pisqueños para hacer una nueva ciudad.
Ante ello, no solo se necesitaba ayudar a las poblaciones, asistirla y proponerle proyectos para la reconstrucción, como bien se ha venido haciendo, sino que además es importante investigar sobre la prevención, los efectos post desastre, la vulnerabilidad, las políticas públicas, etcétera. Es decir, ver como el mundo académico no estaría tan lejos de poder contribuir de forma inmediata con este tipo de problemas. Así, surgió la necesidad de estudiar los desastres humanos y naturales como el de Pisco, razón por la cual a partir del ciclo 2008-II y gracias a la iniciativa del profesor Antonio Peña Jumpa, se viene dictando el curso de ”Derecho y Desastres Naturales y Humanos”. El desarrollo del curso, como bien señala el silabus, comprende una parte teórica (temática) y una parte práctica (de campo), en la que se promueve que los alumnos identifiquen, en forma multidisciplinaria, el rol del Derecho antes, durante y después de los desastres.
Son por estas razones, que el doctor Peña y sus colaboradores han realizado, en varias oportunidades, visitas a Pisco, involucrando a los alumnos, para que puedan ver como el Derecho debe ser una herramienta flexible para levantarse y reconstruir la ciudad e implacable para no permitir mayor vulnerabilidad, inseguridad física y jurídica, normas ineficientes, corrupción que se aprovecha de la necesidad de las personas y, sobretodo, como la ausencia de instituciones hace que un país sea excesivamente centralizado.
Construyendo el curso, el día domingo 26 de octubre, algunos alumnos de “Derecho y Desastres Naturales y Humanos” salieron muy temprano de la universidad, en un bus dispuesto por la Facultad de Derecho, en búsqueda del trabajo de campo planteado por el curso, de esa parte práctica que hace posible mejorar las distintas investigaciones que vienen realizando. Para ello, luego de una charla en la universidad el miércoles 22 de octubre por la tarde, se coordino con la jefa en Pisco de la “Operación Terremoto”, Ascención Martínez de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, la implementación de un consultorio jurídico en plena plaza de armas, realizar encuestas y visitar las zonas aledañas a la plaza, observando, recogiendo las impresiones de la población y los problemas que han ido sucediendo luego de 14 meses del desastre.
De las encuestas realizadas, los testimonios recogidos y las consultas absueltas, se puede identificar que persiste el desinterés por parte del Estado, no solo ante la ausencia de líderes locales que canalicen esfuerzos sino por ciertos elementos culturales que determinan la vida en “comunidad” de una ciudad en el atardecer del desastre. Se ha incrementado la violencia, los delitos menores, el maltrato de la autoridad a través de la burocracia y la política de turno y el desincentivo de obtener un bono por no ser considerado propietario, por ende damnificado. Asimismo, la falta de comunicación para plantear soluciones, como la reubicación de zonas de peligro como es el caso de Pisco Playa, evidencia la desconfianza en las políticas públicas, castigadas por la falta de prevención y planificación.
De otro lado, la vulnerabilidad de la población antes y después del desastre, generan respuestas de que el trato desigual entre los miembros de una misma comunidad, sería el factor que contribuye a que la reconstrucción sea un letargo; comentarios sobre la envidia, la falta de solidaridad y la codicia de algunos, parecen identificar la falta de conciencia ciudadana que existía antes del desastre, el ver como los derechos y obligaciones de las personas y su relación con el Estado no están internalizados. Resulta ser entonces que “el derecho de uno terminara donde empieza el del otro”, no obstante, toda la evaluación no es negativa.
Hoy existe la conciencia de la prevención, o al menos quiere implementarse, hay un fuerte movimiento que busca cambiar a las autoridades e iniciativas privadas que se mantienen en la lucha de querer reconstruir, para que no vuelva a suceder.

























