Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 28 septiembre 2008

Por: Antonio Peña*

Max Weber, en un trabajo publicado en 1922 (Economía y Sociedad, México: FCE, 1974), se refiere al pánico bursátil o de la Bolsa de Valores como un acto social complejo que combina contenidos racionales e irracionales. Para su análisis, Weber propone la construcción de un tipo ideal que identifique la experiencia bursátil separando lo racional e irracional de su contenido: el tipo ideal debe ocuparse primero del acto bursátil “normal” o racional, para luego entender todo lo adicional o externo, que produce su alteración, como irracional.

Ciertamente que en la identificación del contenido “irracional” reside la explicación propiamente del pánico bursátil. Siguiendo al mismo Weber, tenemos que lo irracional de un acto humano tiene su origen en dos tipos de causas o sentidos subjetivos: causas afectivas (que proviene de nuestros sentimientos más que de la razón) y causas tradicionales o de costumbres (que proviene de nuestras culturas o prácticas cotidianas). La masa de inversionistas (grandes, medianos y pequeños) rematan sus valores en bolsa por reacción afectiva o costumbre: sienten incertidumbre sobre dichos valores o siguen la caída de sus precios sin reparar en sus efectos.

Esta explicación teórica tiene relación directa con lo que viene ocurriendo en estos momentos en Estados Unidos y en otros países cuyas economías dependen del primero. El quiebre de grandes compañías financieras y de seguros tiene su causa y efecto en el pánico bursátil norteamericano que se reproduce en gran escala. Es un pánico que desborda toda explicación racional y escapa a todo modelo económico. Las causas afectivas y tradicionales de los actores económicos dan una especial forma a las operaciones en bolsa y entonces no hay otro término que llamarlas irracionales.

Es más, en un intento por controlar ese contenido irracional, el gobierno central norteamericano está brindando inmensos aportes económicos, nacionalizando Bancos y Corporaciones para evitar daños mayores. ¿No hay otras alternativas? ¿Qué tan racionales son esas medidas? Ciertamente que tal respuesta no deja de ser contradictoria en el contexto liberal norteamericano: se utiliza el erario nacional para salvar intereses privados, y se nacionalizan empresas cuyas actividades son fundamentalmente bajo libre competencia para pasar a controlarlas. ¿Qué tan conveniente es combatir con acciones irracionales -de acuerdo al modelo económico norteamericano- las causas irracionales del pánico bursátil?

Cual fuere el resultado futuro, el pánico bursátil se ha transformado ya en un fenómeno más complejo. Se ha convertido ya en un desastre financiero. Esto es una situación de peligro financiero o económico que ha producido ya pérdidas billonarias en bienes, y comienza a producir desamparo y probablemente suicidios y muertes en muchas personas. El quiebre de grandes empresas y entidades financieras, inevitablemente arrastra el quiebre de medianas y pequeñas empresas, y con ellas de sus propietarios, trabajadores, consumidores y familias.

En tal sentido, el fenómeno norteamericano ya no puede ser tratado simplemente como un “defecto financiero” o pánico bursátil, como hemos definido, sino como un DESASTRE. Al acto irracional le ha sucedido el peligro efectivo. Frente a lo cual el problema no solo compromete al Estado en peligro, sino a los Estados cuyas economías dependen del primero y a la cooperación financiera internacional.

El desastre financiero, al igual que un terremoto requiere de la acción urgente, honesta y eficiente de los gobernantes de los países involucrados. Estas tres modalidades de acción (urgencia, honestidad y eficiencia) requieren del uso del Derecho (más que de la Fuerza) a favor de los damnificados. El rol del Derecho estaría  principalmente en tres frentes: Derecho Preventivo, Derecho Reparador y Derecho Garantista. Con ellos se buscaría prevenir mayores daños, reparar y reconstruir la situación de los damnificados, y garantizar un trato desigual a los desiguales: los damnificados más vulnerables (aquellos objetivamente afectados por las acciones irracionales de los actores económicos antes comentadas) deben ser atendidos con prioridad.

Sin embargo, en el caso de desastres financieros se suman elementos diferentes a los del terremoto: las causas son humanas más que geofísicas. En consecuencia, se suma en la actuación del Estado un rol adicional del Derecho: Derecho Sancionador. Sin dejar de priorizar las acciones anteriores, se tendría que restringir, afectar o sancionar a quienes con sentido subjetivo o mentado permitieron o contribuyeron al desarrollo del desastre.

(26/28/30-09-2008).

* Versión en PDF: del-panico-bursatil-al-desastre-financiero

* El autor agradece el aporte de los participantes del curso Derecho y Desastres Naturales y Humanos de la Facultad de Derecho de la PUCP (2008-2).

Anuncios

Read Full Post »

Por: Oscar Súmar

¿Es realmente la medida del gobierno de EE.UU. de aplicar un salvataje a una institución financiera un cambio de tuerca de sus políticas?

Yo lo pondría en duda. Muchos creen que EE.UU. es un país cuya economía se basa en el liberalismo económico, sin embargo, esto no es debidamente contrastado con el hecho de que el propio concepto de regulación es originario de ese país.

En un sentido más general, tal como Viscusi (y otros) destaca en su Economics of Regulation and Antitrust, todas las economías son reguladas y dejadas de regular al mismo tiempo, pero se distinguen en la intensidad en la que cada una de estas actividades es realizada.

Según los estudiosos de la regulación, como Buchanan u Olson, exponentes de escuela de la Public Choice, o Stigler y Becker, desde la Teoría Económica de la Regulación, la regulación responde principalmente al interés de las propias empresas reguladas. Así, no es de sorprender que un país con una industria tan potente, al mismo tiempo tenga los mayores lobbies y, así, grandes porciones de su economía sujeta a regulación.

Sin embargo, creo que más distintivo que su proclividad a la regulación, es su propia capacidad para la desregulación. De esa manera, EE.UU. se distingue menos por su liberalismo económico y más por su capacidad para discutir democráticamente o comprobar (y descartar) empíricamente la necesidad de regulación y, eventualmente, su derogación. Tal como destaca el propio trabajo de Viscusi, existen muchos sectores de la economía que han sido desregulados a lo largo de las últimas décadas, en muchos casos gracias al trabajo de su Corte Suprema, algunos movimientos políticos, académicos y la Sociedad Civil. Un caso notable es la desregulación de la industria del transporte  que solo fue posible gracias a un debate de gran espectro, involucrando a todos los actores interesados, en audiencias públicas promovidas por Bob Kennedy, nada menos que con el apoyo del reconocido profesor de economía Alfred Kahn, el entonces profesor de Regulación en Harvard y actual Juez de la Corte Suprema Stephen Breyer, etcétera. Estos últimos, además, han documentado el proceso en libros que son clásicos mundiales del Derecho Regulatorio, como Economics of Regulation y Regulation and it’s Reform.

Yendo aun más allá, una lectura del clásico de Charles Beard An Economic Interpretation of the Constitution of the United States, nos hará notar cómo la propia Constitución de ese país fue en esencia un intento desregulatorio, parcialmente exitoso.

Como un ejemplo más cercano al caso actual, podemos citar a la propia política Norteamericana luego de “La Gran Depresión”: en los años siguientes el gobierno de Roosevelt aplicó lo que se ha llamado el “New Deal”, que consistía básicamente en un paquete de regulación social. Muchos han explicado el resurgimiento de la economía Americada en estas políticas; pero han olvidado que este Nuevo Pacto Social convivió con la “Era Lockner”, que es como se llama a la etapa más liberal de la Corte Suprema de la historia de los Estados Unidos. Entonces, aquí se hace nuevamente dudoso qué explica el auge de la economía Norteamericana, si su regulación o su liberalismo… yo diría que es su capacidad para emplear ambas a través de los procesos democráticos.

(más…)

Read Full Post »

Por: Oscar Súmar

Para casi todos es sabido que Estados Unidos atraviesa una de las principales crisis financieras de su historia. La crisis fue provocada en uno de los mercados más “capitalistas” y con mayor información (y supuestamente seguridad): el mercado financiero. Todo esto se inició con una propagación excesiva del crédito (sobre todo hipotecario) que elevó artificialmente el precio de los inmuebles y del crédito en sí mismo, generando a su vez escasez de liquidez en dicho mercado. Esto, a su vez, ha ido causando la quiebra técnica de varios de los más importantes bancos de inversión y aseguradoras de ese país. Como es obvio, la crisis en el mercado más rico del Mundo ha tenido repercusiones en otros mercados. En EE.UU. ha sido particularmente palpable una contracción del gasto privado.

Sobre lo que nos interesa llamar la atención, sin embargo, es:

i) Los mercados financieros son unos de los más intensamente regulados y esta regulación (que supuestamente asegura que no hayan crisis de este tipo) se ha probado manifiestamente ineficiente.

ii) La respuesta del Estado Norteamericano ha sido dar una alternativa aun más polémica desde una perspectiva de políticas públicas y que demanda una mayor intervención del Estado: la nacionalización de algunas de las empresas en quiebra (en particular AIG, con un “rescate” de 800 mil millones de dólares). No contento con eso, se ha destacado que presionará a otros países a hacer lo mismo.

(más…)

Read Full Post »

Por: Oscar Súmar

El Gobierno, a través del Ministerio de Agricultura, ha anunciado la creación de un subsidio para la contratación de seguros agrarios, contra catástrofes naturales. El fondo cuenta con 40 millones de soles y cubriría los S/. 75 por hectárea que cuesta el seguro.

Esta política, si bien está destinada hacia los productores más pobres, presenta un problema de principio:

Los desastres naturales no son realmente “naturales”: son el resultado de unas determinadas acciones de los hombres. Así, por ejemplo, el desborde de un río solo es una catástrofe en la medida en que unas personas han decidido vivir en sus laderas. Por esto, cuando el Estado asume los costos de estos desastres, en realidad está incentivando las conductas que los producen.

En el caso de los cultivos agrícolas, el subsidio del Estado desincentivaría que los agricultores inventen maneras o copien experiencias que resultarían en la creación de cultivos más resistentes a los desastres naturales o en la búsqueda de ubicaciones más propicias para los cultivos. La capacidad para desarrollar este tipo de cultivo ya existe.

Ahora, podría ser dicho que -dado que esta política va dirigida hacia los más pobres- sería utópico pensar que ellos podrían desarrollar estas nuevas tecnologías. Este argumento podría tener cierta validez (aunque requeriría ser empíricamente comprobado); sin embargo, aun si lo tomamos como válido, no necesariamente se tiene que pasar a no hacer nada: existen alternativas.

Una de ellas sería que el Ministerio, en lugar de subsidiar las pérdidas, promueva la utilización de cultivos resistentes a las inundaciones, el friaje, las altas temparaturas o las sequías. Así, fuera de que el Estado gaste recursos de manera fija que, además, volverían peremnes situaciones de vulnerabilidad  hacia el clima, podría destinar esos recursos a promover mayor competitividad y productos de más alta calidad.

Read Full Post »

Según reportó la Defensoría del Pueblo, la gran mayoría de los conflictos en el Perú pueden ser clasificados de medio ambientales. Son 40 de 83.

Supuestamente el nuevo Ministerio del Medio Ambiente va a tener una función primordial en la resolución de estos conflictos, al haber absorbido las funciones del Instituto Nacional de Recursos Naturales-INRENA y la Intendencia de Áreas Protegidas.

Hasta ahora, solo ha tenido una prueba en relación al Decreto Legislativo 1015 y el conflicto con las comunidades de la selva y su actuación dejó mucho que desear. Los dirigentes nativos declararon que el Ministro Barak no tenía poder de negociación. En sus propias palabras para un diario local:

“Cuando regresamos del almuerzo la situación había cambiado. Se había acordado seguir con la agenda y ellos dijeron, ‘desconocemos todo, usted no tiene poder de decisión’. En consecuencia, exigimos que en 24 horas esté acá el presidente del Congreso, el premier y el presidente para derogar estos decretos”

Además y más grave aun, tal como lo ha destacado otro blog, el mismo diario ha informado que:

(…) el MMA no contemplaría la fiscalización sobre la actividad minera, al no contemplar la fusión de las Direcciones Ambientales del Ministerio de Energía y Minas con las demás entidades que formarán el nuevo ente rector de la política ambiental.

Read Full Post »

Por: Oscar Súmar

En los último años, parte de los estudios en relación a desastres han comenzado a poner mayor atención a las causas físicas y más en las condiciones sociales que posibilitan su ocurrencia y extienden sus efectos. Por esto, especialistas como  Susan Cutter han llegado a sostener que:

Disasters are income neutral and color-blind. Their impacts, however, are not. (Los desastres son ciegos a los ingresos y al color de la piel. Sin embargo, sus efectos no lo son).

Hace unos meses, al comentar el desastre en Birmania, nos preguntamos acerca de si el régimen político de ese país no había tenido una influencia en la extensión de los efectos de la catástrofe. Días atrás Carlos Alberto Montaner ha escrito un artículo desarrollando el tema. Los invitamso a leerlo. Éste sostiene que, básicamente, un sistema socialista, debido a la escasez de recursos y a la falta de iniciativa privada, tiene menos capacidad para recuperarse de un desastre.

Otra reflexión, creemos, puede ser hecha si tomamos en cuenta lo dicho por Kip Viscusi y otros en el famoso libro “Economics of regulation and Antitrust”: todos las economías son reguladas y dejadas de regular al mismo tiempo. La diferencia entre socialismo y capitalismo, así, es una tenue, en lugar de marcada. De esta manera, en un estado supuestamente liberal, pueden haber políticas cercanas al socialismo, como los subsidios o la fijación de precios.

La entrega de bonos de reconstrucción como consecuencia del simo se podría acercar a un esquema de regulación propio del socialismo y traer como consecuencia sus problemas asociados.

Read Full Post »

por: Óscar Súmar

Aun cuando me considero una persona con tendencia hacia el liberalismo político y económico, no puedo dejar de indignarme y pensar en las maneras en las que el Derecho y mi (nuestra) práctica profesional podría influir en estos casos:

Conforme he leído en El Comercio

El pasado 26 de agosto, regidores de la Municipalidad Provincial de Pasco aprobaron por mayoría el Plan de Desarrollo Urbano de la ciudad, el cual incluye el denominado Plan L, que tiene que ver con la ampliación de la explotación de minerales a tajo abierto -en forma de L- que realiza la minera Volcan en el distrito de Chaupimarca. El Plan L implica, a su vez, la demolición de una serie de inmuebles localizados en esa zona y su posterior reubicación de sus moradores.

Ésta ya es una historia que viene desde hace meses atrás, cuando el Congreso aprobó una Ley con el mismo propósito, que finalmente fue observada por el ejecutivo. La noticia, si bien fue destacada por los medios, no ha generado un debate a la altura de semejante acto.

(más…)

Read Full Post »

Older Posts »