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Archive for 5 marzo 2009

Por: Óscar Súmar A.

alud2Ayer un alud sepultó un campamento minero en Puno. Hoy en el Comercio se ha destacado que el problema estaría relacionado a la actividad de la minería informal; y, en particular, la deforestación. Fuera de que esto pueda o no ser cierto, no deja de llamarme la atención como se hacen estas aseveraciones sin previamente haber hecho un estudio de campo.

Si es que analizamos el tema con un poco más de calma, veremos que esta aseveración, aunque tiene la “virtud” de sonar coherente y más aún, excluir responsabilidades, no tiene mucho sustento. Nos explicamos, la lógica de decir que la deforestación ha causado el alud se deriva del hecho de que ésta podría ocasionar un cambio en el micro-clima de la zona propiciando, a su vez, mayores lluvias. Estudios acerca de la relación entre cambio climático y desastres han sido conducidos, por ejemplo, por el Banco Mundial en países del Caribe. Si bien estos estudios nos dicen que muy probablemente existe una relación entre el cambio climático y el incremente de los desastres en algunas zonas; también debe tomarse en cuenta su mención a que no existen suficientes estudios para aseverar la magnitud de este vínculo, por un lado; y que existen otros factores que determinan el incremento de las catástrofes en los países estudiados, por el otro. Estos factores serían la falta de una política de prevención, el incremento de la población, la falta de recursos económicos, etc.

Tenemos entonces que necesitamos hacer muchos saltos lógicos para llegar a la conclusión de que la deforestación tiene un vínculo real con esta catástrofe. Primero, no sabemos cuánto ha influido -la deforestación- en el cambio climático; no sabemos cuánto ha influido el cambio climático en este evento en particular; no tenemos un estudio de otros factores que impulsan las catástrofes en estas zonas; etc.

Al final de cuentas, no hay que perder de vista que las catástrofes están asociadas principalmente a la vulnerabilidad social. En este caso, dicha vulnerabilidad tiene que ver con la ausencia de recursos y de una política de prevención que vele por su seguridad.

No digo que no haya que preocuparnos por la degradación ambiental, pero sí que éste, en principio, no debería ser el tema principal a evaluar y, al serlo eventualmente, deberían tomarse en cuenta trabajos empíricos en la zona que midan el impacto de la tala. De otra manera, podríamos prohibir, como una bandera de campaña, una actividad productiva sin tener ningún sustento científico acerca de su impacto en el problema que queremos evitar.

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