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Archive for 29 julio 2009

Por: Antonio Peña Jumpa

Con agrado he leído los comentarios que hacen Freddy Escobar y Guillermo Cabieses bajo el título “Una solución desastrosa para el desastre financiero” (Revista Enfoque Derecho Nro. 83, Lima, PUCP, 2009) sobre el artículo que publicara en la misma revista bajo el título “Prevención legal ante el desastre financiero: gravar a los ‘nuevos ricos’” (Revista Enfoque Derecho Nro. 82, Lima, PUCP, 2009). Buscando aclarar el mencionado artículo y sus comentarios, a continuación se sustenta la necesidad de la misma solución legal (identificada como “solución desastrosa” por los comentaristas), que ahora identificamos como solución legal de emergencia, con el propósito de controlar las recientes causas del pánico financiero que reproduce las condiciones del desastre económico que vivimos desde el año 2008.

El presupuesto básico de nuestra preocupación es el siguiente. Las Bolsas de Valores del mundo, incluyendo la nuestra, continúan aún muy inestables. Si se revisan los diarios de los 6 últimos meses (enero- junio 2009) puede apreciarse cómo las Bolsas de Valores reportan cíclicamente que suben, lenta o rápidamente, para luego derrumbarse, lenta o estrepitosamente, produciendo inestabilidad económica, pérdidas millonarias, quiebras de empresa y desempleo.

El origen de este pánico financiero, hoy traducido en desastre, ciertamente no se encuentra en las “acciones irracionales” de los agentes económicos. Por el contrario, el origen se encuentra en las “acciones sociales racionales de acuerdo a fines” ( Max Weber, Economía y Sociedad, 1922) de un grupo de inversionistas que empaquetaron complejos productos financieros sin respaldo efectivo (como los bonos hipotecarios sub-prime) y que vendieron en todo el planeta desde fines del siglo pasado. Estas acciones racionales de acuerdo a fines se acumularon en una gran burbuja económica que finalmente estalló produciendo los efectos que estamos viviendo.

Lo “irracional” a que nos referimos en nuestro artículo anterior está relacionado justamente a los efectos de esa racionalidad económica que produce el pánico financiero. Se trata de aquellas acciones sociales que se reproducen en pleno pánico financiero y que reciben la denominación de “acciones sociales de tipo afectivo o tradicional” (Weber, ibídem). Estas acciones son irracionales por que se materializan a sabiendas de las pérdidas millonarias que produce para sí o para otro el retiro de valores o posiciones bursátiles por parte de grandes, medianos y pequeños inversionistas guiados por el temor de perderlo todo o guiados por acciones sociales de otros.

Esta actitud irracional ciertamente contrasta con la actitud de un grupo de inversionistas (los “nuevos ricos”) que beneficiados de información privilegiada o preferente o por otras razones, vendieron o retiraron sus posiciones bursátiles oportunamente (actuación muy racional por cierto). Sin embargo son estos “nuevos ricos” los que vienen reproduciendo, no necesariamente con intención, la continuidad del pánico financiero que se traduce en el desastre descrito. Ellos siguen actuando muy racionalmente de acuerdo a sus fines, comprando y vendiendo sus nuevos valores o posiciones bursátiles, sin percatarse o a sabiendas de la reproducción del pánico financiero.

Es en esta situación que formulamos como necesidad la aplicación de medidas legales de emergencia, identificadas por los comentaristas como “solución desastrosa”. Con el propósito de evitar daños mayores, es una necesidad o urgencia el control temporal de determinadas acciones racionales y legítimas de ciertos inversionistas (los “nuevos ricos”) que reproducen el pánico financiero. En una situación de desastre es más legítimo (por la prioridad de principios y valores) intervenir con todos los medios para evitar sus efectos nefastos (traducidos hasta en suicidios) buscando proteger a los principales damnificados (trabajadores, pequeñas empresa, profesionales dependientes o independientes, sub-empleados, o la sociedad en general). Esta es una medida de Derecho de Emergencia que debe complementarse con la tarea no-legal y más efectiva que harán los economistas.

La imposición de cargas tributarias a las “sobre-ganancias” de las transacciones racionales en Bolsa de estos “nuevos ricos” no es inmoral ni ineficiente. Todo lo contrario. Es más bien inmoral enriquecerse a través de tales transacciones que liquidan a empresas o pequeños inversionistas ya caídos en desgracia tras el desastre financiero, y es ineficiente no controlar las causas del actual pánico financiero que se traduce en la continuidad del desastre.

La propuesta es una medida temporal, no permanente, aplicable en tanto el pánico o inestabilidad bursátil persista. Pero también hay que entender que esta medida debe ser coordinada con otras Bolsas de Valores mundiales.

Si repasamos la historia, el gran Crack de 1929 reprodujo un pánico financiero de muchos años, antes de pasar a un período de recesión y recién aspirar a un proceso de recuperación económica. En el mismo sentido creemos que es posible conseguir la estabilidad de las Bolsas de Valores mundiales (que consiste en un movimiento “natural” de subidas y caídas pero no estrepitosas) para recién pensar en la reconstrucción económica. Esto significará entonces, en términos legales, aplicar recién efectivamente un Derecho Reparador, un Derecho Garantista y un Derecho Sancionador (a los responsables originarios principalmente) tras el desastre financiero.

(Lima, 2 julio 2009).

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