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Archive for 26 octubre 2009

Por: Antonio Peña Jumpa

Un debate histórico sobre las comunidades Andinas y Amazónicas de nuestro país ha sido el afirmar o negar su asimilación o integración a la economía de mercado o capitalista dominante en el contexto nacional. Muchos analistas opinaron 80 años atrás que las comunidades serían asimiladas y entonces desaparecerían por la expansión de las relaciones capitalistas. Sin embargo, ello no ha ocurrido. ¿Qué ha limitado dicha asimilación? ¿Qué tan posible es un desarrollo capitalista en sus espacios geográficos y sociales?

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En 1988, el autor del presente artículo tuvo la oportunidad de realizar un inicial trabajo de campo en las comunidades Aymaras de Huancané, en la región de Puno, a las que ha continuado visitando. A inicios del año 2009, también tuvo la oportunidad de realizar un breve trabajo de campo en las comunidades awajún o aguarunas de Bagua, en la región de Amazonas. En ambas experiencias encontró un elemento central que integraba el conjunto de relaciones humanas de los miembros de estas comunidades: el principio del Ser Colectivo. Las actividades económicas y su resolución de conflictos giran en torno a este principio.

¿Qué es el Ser Colectivo y qué relación tiene con la “asimilación” o “integración” capitalista?

El Ser Colectivo de las comunidades Andinas y Amazónicas viene a ser, en breve, el principio que une a las familias y sus individuos en cada comunidad: constituye el interés por Lo Comunal que identifica a cada uno de sus miembros o familias, el sometimiento a las reglas que éstos mismos elaboran para su comunidad, y el ser parte activo o transformador de ese mismo interés comunal y sus reglas.

Dentro de este principio de Ser Colectivo se encuentra la idea de “progreso”, “desarrollo” o bienestar de la comunidad. El interés por Lo Comunal ocurre porque brinda a los miembros de la comunidad beneficios (por ejemplo, seguridad) y porque éstos miembros comuneros definen o redefinen tales beneficios de acuerdo al interés de cada uno (o su familia), el consenso o la mayoría de ellos influidos por los conocimientos que operan dentro y fuera de la comunidad. Si bien los comuneros practican un progreso familiar-individual, la idea de progreso o desarrollo es ante todo colectiva: los miembros de una comunidad sienten, como ocurre en un Estado Nación, que si la comunidad no progresa, sus miembros tampoco. Puede haber un desarrollo familiar-individual excepcional, sobre el comunal, pero ello significará que tal familia-individuo tenga que abandonar o emigrar de la comunidad para continuar desarrollándose o evitar la discrepancia de los demás.

Así, el Ser Colectivo y su idea de bienestar hace posible que la resolución de conflictos de los comuneros opere exitosamente. Cada familia o miembro de la comunidad confía en los sistemas de resolución que brotan de su propia estructura de Lo Comunal o Ser Colectivo. Pero con ello hace posible que la economía comunal y familiar también funcione exitosamente. La distribución de tierras, el respeto por las parcelas familiares, la defensa de sus tierras (de agentes extraños no comunales), el uso común de pastos, bosques y recursos naturales, la administración de la escuela o la posta de salud comunal, etc., son productos de ese Ser Colectivo. Pero también, dentro de este principio de Ser Colectivo los comuneros ansían un mayor bienestar: viviendas equipadas o acondicionadas al frío o el calor, conexiones de agua y desagüe, servicio eléctrico, teléfono, computadoras y acceso a internet, colegios y universidades, hospitales y clínicas que se identifiquen con su cultura, entre otros.

El principio de Ser Colectivo, incluida la idea de progreso o bienestar, es el que construye la economía de los comuneros y dentro de ésta los conceptos de empresa familiar y comunal. Estas empresas operan con muy poco dinero (liquidez) o bienes de cambio de uso (el ganado o los productos de sus tierras), pero sobre todo operan con una extensa mano de obra y las riquezas de su medio ambiente. Empresa familiar y empresa comunal existen sin estar registrados en una oficina central, y sin tener acceso a los créditos formales de bancos o empresas crediticias. Si el desarrollo capitalista valora esta concepción económica, es seguro que se puede articular con ella armónicamente, caso contrario el conflicto social o cultural aparece o se reproduce.

Las empresas privadas capitalistas tienen un doble reto para evitar la reproducción de conflictos ante la explotación de los recursos naturales que yacen bajo o sobre la superficie de las comunidades: articular su relación con gobernantes honestos del Estado, pero sobre todo articularse con la propia comunidad y su concepción de Ser Colectivo. De un lado tienen que mostrar que su presencia o sus inversiones pueden ayudar a consolidar la economía familiar y comunal existente, pero de otro tienen que demostrar que solo con su aporte se puede alcanzar el mayor bienestar o las comodidades ansiadas por los comuneros.

Esta búsqueda de armonía es compleja pero posible. No basta la titulación de tierras o el acceso a créditos a través de títulos individuales. Menos aún proyectos o acciones que regalan dinero o aumentan la liquidez por familia-individuo. Si se lograra comprender que el principio de Ser Colectivo, con su idea de progreso o bienestar, se localiza antes o sobre el concepto de capital, entonces tal armonía se producirá. El capitalismo es una utopía sin esta comprensión o integración. La capitalización del principio del Ser Colectivo aparece como esta solución. Es allí donde reside la causa para superar la aparente vulnerabilidad económica de nuestros Andes y nuestra Amazonía.

(Lima, PUCP, 9/9/09 y 22/10/09)

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