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Archive for 24 agosto 2011

Por: Nora Cárdenas, Tesania Velázquez y Antonio Peña Jumpa

Han pasado 4 años del terremoto que ocurrió aquel 15 de agosto del 2007 y destruyó parte de las provincias de Pisco, Chincha, Ica y Cañete, con serios efectos en las provincias de Castrovirreyna, Huaytará y Yauyos, sin que se haya terminado con la reconstrucción.

Recorriendo las zonas afectadas,  se puede evidenciar no sólo falta de voluntad política para la reconstrucción, sino la falta de una política integral de parte de todos los niveles de gobierno del Estado: central, regional y local. Esto incluye la ausencia de una política pública clara y concertada por parte de las autoridades del Estado, la falta de organizaciones que den soporte al trabajo, y la falta de participación de la población. Con estas ausencias, se dificultaron no sólo las acciones de reconstrucción, sino un proceso de vigilancia a las autoridades y sus instituciones, lo cual hubiera reducido considerablemente la corrupción que se instaló como parte de esas acciones en todos los niveles de gestión.

La ciudad de Pisco, por ejemplo, luce aún con casas sin demoler y miles de viviendas de madera temporales. Se cuenta con calles asfaltadas, veredas terminadas y fachadas cercadas en el centro histórico, pero al lado de estas pistas y veredas, tras las fachadas, yacen los miles de módulos que albergan aún a las miles de familias sin vivienda. Si a ello sumamos la existencia de otros problemas en Pisco, como el exceso consumo de bebidas alcohólicas, la falta de seguridad y orden, o la falta de atención adecuada de los establecimientos de Salud y Educación, confirmaremos que aún hay muchísimo que hacer.

Ni de manera personal ni como Estado estábamos preparados para enfrentar esta catástrofe. Esto se evidencia no sólo en la falta de una cultura de prevención –por ejemplo, se recortó el presupuesto para la investigación a pesar de que el Perú se ubica en una zona altamente sísmica-, sino de la ineficacia de parte del Estado para la redistribución de la ayuda de los países amigos y de las empresas privadas. A pesar de la cercanía de la región con la capital, conectada no sólo por vía terrestre sino también área y marítimamente, la ayuda no sólo no llegó  a todos, afectándose a los más pobres, sino, que el proceso no se pensó desde los propios actores locales quienes, a pesar de su dolor, han tenido y tienen ideas para reconstruir su ciudad.

La  Pontificia Universidad Católica del Perú ha participado en las diferentes fases de la reconstrucción. Inmediatamente después del terremoto colaboró en la distribución de donaciones. Además participó a través del proyecto de Brigadas Psicológicas, el proyecto de apoyo legal y proyectos de reconstrucción de viviendas rurales en Pisco. Posteriormente, se colabora en la construcción de viviendas de adobe con malla sismo resistente, poniendo al servicio de la población años de experiencia de la facultad de ingeniería en el adobe. Este último apoyo se integró al proyecto de ayuda de la Cruz Roja Internacional.

 

A partir de estas iniciativas y repuestas puntuales, la PUCP a través de la DARS ha buscado realizar proyectos articulados como el de La Garita en Chincha; un proyecto de intervención comunitaria que busca, a través del encuentro universidad-sociedad nuevas formas de colaboración con las poblaciones afectadas por el terremoto. Este proyecto constituye un “piloto” de atención post desastre que busca nuevas formas de relacionamiento y generación de confianza como bases para el trabajo de reconstrucción. Además, se ha avanzado en  la constitución de un grupo interdisciplinario, el Grupo de Gestión de Riesgo de Desastres-PUCP, que busca a partir de una perspectiva interdisciplinaria la elaboración de una propuesta de Gestión de Riesgo de Desastres hacía dentro y hacía fuera de la PUCP.

A manera de reflexión final, cabe señalar que lo que puede hacerse hoy, a cuatro años del desastre, supone mucha creatividad en las gestiones de gobierno y de las autoridades, pero sobre todo participación de la propia población afectada. Dentro de esta perspectiva, el trabajo de reconstrucción debe darse en forma interdisciplinaria e intersectorial. Esto significa actuar de manera coordinada, poniendo en práctica  el diálogo y la capacidad de sumar esfuerzos, sin dejar de tener en cuenta la complejidad de la realidad. Debemos lograr  el desarrollo y el bienestar: no solo facilitar la reconstrucción de las casas y la ciudad sino también contribuir a la reconstrucción del tejido social y de los proyectos de vida que se derrumbaron. Esta es una tarea que se debe asumir ahora.

 

(3, 7 y 9 de agosto de 2011)

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