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Archive for 4 noviembre 2011

Por: Antonio Peña Jumpa, Profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú, abogado, Master en Ciencias Sociales, PhD in Laws

El reciente sismo de 6.7 grados en la escala de Richter ocurrido el viernes 28 de octubre de 2011, a 117 kilómetros al sureste de la provincia de Ica, con la caída de viviendas y su lamentable consecuencia en personas heridas, nos recuerda la vulnerabilidad en infraestructura o construcciones y la poca capacidad de respuesta organizada de nuestra población. Ica, como las demás provincias de nuestro país (incluida su capital Lima), no se encuentra preparada para afrontar un terremoto, a pesar de haber sufrido hace pocos años los efectos del terremoto del 15 de agosto de 2007 que tuvo como su epicentro la ciudad de Pisco.

De un lado, la vulnerabilidad en infraestructura se aprecia en las precarias viviendas existentes en las áreas urbana y rural de Ica, Pisco u otra provincia de nuestro país, por no haber sido demolidos o por haberse construido o reconstruido sin contemplar las recomendaciones técnicas de una zona bajo riesgo de desastres. El gobierno central ha subsidiado, desde varios terremotos pasados, la construcción de viviendas a favor de damnificados o ciudadanos pobres, pero la mayoría de éstos no contó ni reclamó una asistencia técnica especializada.

De otro lado, la poca capacidad de respuesta organizada de la población frente a un sismo o terremoto se aprecia en la actitud diaria de nuestras autoridades y los ciudadanos, damnificados o no, tras el desastre. No hay una cultura de prevención y de respuesta inmediata frente al fenómeno natural.  ¿Qué tanto nuestras autoridades locales, regionales y centrales tienen delimitadas sus funciones para actuar coordinadamente tras el desastre? ¿Cuánta de nuestra población potencialmente damnificada se encuentra  preparada para reaccionar colectivamente bajo un estado de emergencia tras el desastre?

El terremoto de Pisco del 15 de agosto del 2007, de 7.9 grados en la escala de Richter, nos mostró las limitaciones de nuestra infraestructura (viviendas construidas sin respetar las reglas técnicas o la mayoría de damnificados sin título de propiedad), pero más aún las limitaciones de nuestras autoridades y nuestra población para afrontar el desastre tras un terremoto de tal magnitud. El sismo de Ica del pasado 28 de octubre nos hace recordar que aún debemos superar esas limitaciones y asumir con creatividad nuevas alternativas.

¿Cómo afrontar nuestra vulnerabilidad en infraestructura y falta de participación organizada de la población? La respuesta más sencilla, aunque parezca una tautología, es buscando complementar ambos factores. Así, ¿Es posible comprometer la participación ciudadana en los proyectos de construcción? Tanto en Pisco como en Ica las autoridades pudieron promover ( y aún lo pueden hacer) que la población damnificada y no-damnificada participe en el diseño y planificación de la ciudad, en la fiscalización de las obras y, por qué no decirlo, en la propia ejecución de obras sea como trabajador, responsable, socio o accionista de las empresas de construcción. Los proyectos de infraestructura pudieron ser y deben ser por y para la población damnificada organizada. Bajo esta iniciativa se conseguiría una mayor concientización en la población sobre la situación de desastre, el desarrollo de una tecnología en construcción de vivienda propia y la recuperación o mejora de la economía local. En la zona rural de Pisco, Ica, Chincha y Cañete una muestra de esa propuesta ha sido la reconstrucción de viviendas con adobe reforzado y con el apoyo técnico de universidades y organismos no gubernamentales. ¿Por qué no se laboró de la misma forma en la ciudad?

La población y el gobierno de Japón, tras el terremoto del 11 de Marzo último, ha reaccionado recientemente promoviendo el uso de baterías de larga duración con el propósito de, tras un terremoto o fenómeno similar, la vivienda sea autónoma y continúe operando. Ellos tienen desarrollada una economía vinculada al desastre, que incluye la construcción de viviendas antisísmicas. Pero, yendo más allá, ahora vienen implementando viviendas con sistemas autónomos de energía que les permita captar, almacenar y usar energía limpia (ver diario El Comercio, del 19 de octubre de 2011, página b10).

¿No podemos pensar en iniciativas o propuestas semejantes a la de los japoneses, pero adaptadas a nuestras necesidades regionales o nacionales, sin perder de vista la cultura de su población y el uso de nuestros propios recursos?

Lima, PUCP, 30 Octubre, 1ro. Noviembre de 2011

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