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Archive for 20 noviembre 2013

Antonio Peña Jumpa[1]

 

El desarrollo de la educación en nuestros hogares y las escuelas es fundamental para formar ciudadanos que contribuyan a la Paz y Justicia en nuestro país. Pero, qué ocurre si no es posible que esa educación se desarrolle, qué hacer si los hogares tienen problemas permanentes y las escuelas no pueden suplir o completar esos problemas particularmente por la falta de compromiso del padre y la madre en la formación del niño o niña. Es más, ¿Qué hacer en el supuesto de aquellos hogares en los que el padre y/o la madre están envueltos en problemas de delincuencia o en la acción de ganar y acumular dinero o capital sin preocuparse de ese niño o niña? ¿Cuál será el futuro de este niño o niña?

El domingo 20 de octubre pasado un grupo de familias y amigos realizamos el sexto concurso de arte y literatura en escuelas periféricas (de nivel primario) de la provincia de Pisco. Este concurso se inició después del terremoto del 2007 y lleva el nombre de una persona que trabajó con esos niños de la periferia de Pisco llevando cariño y amistad, pero murió en el terremoto. Si bien para quienes tomamos parte en la organización del concurso fue una gran alegría compartir con los cerca de 100 niños clasificados  para la competencia y fue una gran satisfacción ver la alegría de ellos al recibir sus obsequios y premios,  también sabíamos de muchas ausencias y muchos problemas vinculados a esa simple actividad del concurso. Muchos destacados niños no llegaron a participar. La directora de una escuela de un barrio del sur de Pisco nos contó que dos de sus más destacados alumnos no pudieron participar porque ese domingo tenían que trabajar dado que sus padres están en prisión. En el mismo sentido, nos enteramos de escuelas más alejadas que no tomaban parte por carecer de presupuesto para movilizar a sus destacados estudiantes el día del concurso. En otros casos, los profesores no tenían interés o incentivos para apoyar a sus alumnos toda vez que el solo hecho que ellos lleguen a sus escuelas alejadas, como las que están ubicadas en el distrito del balneario de Paracas (irónicamente entre las más pobres de la provincia) es ya un sacrificio, y lo será aún más si es que un domingo dejan de estar con sus familias para movilizar a sus estudiantes de escuelas alejadas.

Los efectos de la situación de estos niños y niñas de Pisco no está muy alejada de la situación de aquellos niños y niñas que, contrariamente, reciben de sus padres excesiva protección económica y comodidades en sus hogares, escuelas y en cualquier otro lugar. En primer lugar, estos niños y niñas no tienen la necesidad de competir en actividades como el concurso de arte y literatura porque de sus escuelas reciben mucho más. En segundo lugar, los mismos  niños y niñas si bien cuentan con el apoyo de muchas personas, aunque normalmente éstas no son su padre o madre, crecen “solos” o “solas” en forma semejante a los niños de la escuela del Sur de Pisco.

Del primer grupo de niñas y niños es probable que consigamos, con el paso de los años, ciudadanos con intereses frustrados o trabajadores o profesionales con muchas limitaciones o insatisfacciones, salvo excepciones. Por ejemplo, aquellos destacados niños con padres en prisión pueden convertirse, si es que no ocurre algo excepcional en sus vidas, en delincuentes profesionales que “superaría” la situación de sus padres. En el segundo grupo de niñas y niños es probable que consigamos ciudadanos aparentemente ideales, pero con un ego excesivamente individual que puede conducir a la soberbia y permanente discriminación hacía otros, no importándoles delinquir con tal de mantener su estatus económico y comodidades. El ejemplo extremo en este segundo grupo de niños y niñas que pasan a ser jóvenes es cuando no les importa planear la muerte de sus padres o involucrarse en actividades de corrupción con tal de mantener esas comodidades.

En ambos grupos de casos se reproduce todo lo contrario a la Paz y Justicia. Los niños y niñas que crecen en esas condiciones o bajo esa formación contribuirán a la inseguridad y la violencia estructural de las ciudades, empresas y sus propios hogares.

¿Qué hacer? Lo primero es ser conscientes de esas causas de la violencia e inseguridad ciudadana en nuestro país. Solo comprender el problema basado en la desigualdad de un grupo masivo de niños y niñas,  y la sobreprotección de otro grupo de niños y niñas puede conducir a quebrar ese ciclo. En segundo lugar, todos los ciudadanos que creemos en la Paz y la Justicia tenemos que actuar. Hay que compartir con aquellos niños y niñas que nos necesitan, los nuestros y los otros, como hacía aquella persona que dio origen al concurso de arte y literatura que citamos. En tercer lugar, son las autoridades las comprometidas a intervenir buscando remediar prioritariamente esas causas de desigualdad (en los hogares, las escuelas y la vida) y excesiva protección. Solo complementariamente conviene aplicar la amenaza de una grave sanción y las cárceles como solución.

Creemos que sí es posible aspirar a una sociedad sin violencia permanente e inseguridad. Hay ejemplos muy conocidos de países europeos con una baja tasa de violencia urbana e inseguridad ciudadana, pero también en nuestro país existen ejemplos históricos en las comunidades andinas y amazónicas. Países como Bélgica muestran objetivamente tasas bajas en muertes y delitos, en el mismo sentido que las comunidades del Sur Andino y del Norte Oriente amazónico, por ejemplo, muestran reducidos problemas de violencia e inseguridad a su interior ¿Por qué no reflexionar alternativas teniendo en cuenta esos modelos?

 

Lima, 21 Octubre y 18 de Noviembre de 2013.

 

 


[1] Profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abogado, Magister en Ciencias Sociales y PhD. in Laws.

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